Son diversos los motivos de consultas que habitualmente atendemos
en nuestro centro. No obstante, a continuación vamos a realizar
una relación de los problemas más frecuentemente consultados, aunque
no los únicos. En el caso de querer profundizar más, pincha sobre
cada uno de ellos y accederás a más información acerca de qué es
el problema y sus causas.
Problemas en el Estado del Ánimo
Depresión
¿Qué es la Depresión?
Estamos habituados a usar la palabra "depresión" con excesiva frecuencia.
Cuando tenemos un mal día, nuestro estado de ánimo está un poco
más bajo de lo habitual o incluso cuando estamos cansados, la expresión
que acude a nuestra mente es "estoy deprimido". Aunque hay que aclarar,
que la depresión es mucho más que todo esto; es un serio trastorno
emocional que implica cambios importantes en nuestra forma de sentir,
de pensar y de actuar.
Estar clínicamente deprimido/a incluye una gran cantidad de síntomas
entre los que destacan la pérdida de interés o placer en casi todas
las actividades que la persona realiza, cambios de apetito o peso,
del sueño y de la actividad psicomotora; falta de energía; sentimientos
de infravaloración o culpa; dificultad para pensar, concentrarse
o tomar decisiones, y pensamientos recurrentes de muerte o ideación,
planes o intentos suicidas. En los/as niños/as y adolescentes el
estado de ánimo puede ser irritable en lugar de triste.
En lo que concierne al plano más cognitivo, es decir en la forma
de pensar, la persona deprimida se caracteriza por el siguiente
cuadro que definimos a continuación.

Características de las personas que están deprimidas:
1. Visión negativa de sí mismos. La persona deprimida
se ve torpe, desgraciada sin valor personal. Atribuyen
sus experiencias desagradables a un defecto suyo y, como consecuencia,
se ven inútiles y carentes de valor. Se critican
a sí mismos, se culpabilizan y piensan que carecen
de la capacidad necesaria para sentirse felices y llevar la vida
que les gustaría.
2. Interpretar la realidad de forma negativa y
tender a centrarse más en el lado malo de las cosas.
Por ejemplo, si alguien se porta bien con esta persona, puede pensar
que es por lástima o porque espera algo a cambio
y no por una verdadera amistad.
3. Visión negativa del futuro. Pensar que las
dificultades no terminarán nunca. Esperar lo peor del
futuro; que las cosas le saldrán mal haga lo que haga.
4. Sentimiento de Culpa por lo ocurrido. Se tiende
a pensar en lo que no se Debería haber hecho,
en referencia al pasado.
Afectación en el plano Conductual
Hay una correlación directa entre lo que hacemos y la forma en que
nos sentimos. Las personas que están deprimida, tienden a hacer
pocas cosas debido precisamente a ese estado emocional deprimido,
incluso en los casos más graves de depresión, la persona queda recluida
en la cama.
Por el contrario, sabemos que hacer cosas ayuda a aumentar el estado
de ánimo, de ahí la importancia de este aspecto en el origen y mantenimiento
de este problema.
Además todo ello se manifiesta de forma específica de la siguiente
forma:
• Disminución acusada del interés o de la capacidad
para el placer en todas o casi todas las actividades,.
• Pérdida importante de peso sin hacer régimen
o aumento de peso (p. ej., un cambio de más del
5 % del peso corporal en 1 mes), o pérdida o aumento del apetito
casi cada día.
• Insomnio o hipersomnia casi cada día.
• Agitación o enlentecimiento psicomotores casi
cada día.
• Fatiga o pérdida de energía casi cada día.
• Sentimientos de inutilidad o de culpa excesivos.
• Disminución de la capacidad para pensar o concentrarse,
o indecisión, casi cada día.
• En algunos casos, pensamientos recurrentes de
muerte (no sólo temor a la muerte), ideación suicida
recurrente sin un plan específico o una tentativa de suicidio o
un plan específico para suicidarse.
Distimia
La característica esencial de la distimia, es un estado de ánimo
crónicamente depresivo que está presente la mayor parte del día
de la mayoría de los días durante al menos 2 años, es decir es la
cronificación de la depresión. Las personas con este problema, describen
su estado de ánimo como triste o «desanimado». Durante los períodos
de estado de ánimo depresivo hay al menos otros dos síntomas de
entre los siguientes: pérdida o aumento de apetito, insomnio o hipersomnia,
falta de energía o fatiga, baja autoestima, dificultades para concentrarse
o para tomar decisiones y sentimientos de desesperanza. Además durante
el período de 2 años de la alteración, la persona no ha dejado de
estar deprimida, ha estado de forma ininterrumpida con los síntomas
antes señalados.
Frecuentemente, este problema tiene un inicio temprano (en la niñez,
adolescencia o al principio de la edad adulta), así como un curso
crónico sin no hay intervención profesional.
Trastorno Bipolar
La característica esencial del trastorno bipolar es la presencia
de uno o más episodios maníacos o episodios mixtos.
Un episodio maníaco se define por un período concreto durante el
cual el estado de ánimo de la persona es anormal y

persistentemente
elevado, expansivo o irritable. Este período de estado de ánimo
anormal debe durar al menos 1 semana (o menos si se requiere hospitalización).
La alteración del estado de ánimo debe ir acompañada de un aumento
de la autoestima o grandiosidad, disminución de la necesidad de
dormir, lenguaje verborreico, fuga de ideas, distraibilidad, agitación
psicomotora e implicación excesiva en actividades placenteras con
un alto potencial para producir consecuencias graves (juego, sexo,
compras, etc).
La cualidad expansiva del estado de ánimo se caracteriza por un
incesante e indiscriminado entusiasmo en las interacciones interpersonales,
sexuales o laborales. Por ejemplo, la persona puede iniciar espontáneamente
largas conversaciones con extraños en lugares públicos, o un vendedor
puede telefonear a casa de gente desconocida a primera hora de la
mañana para empezar las ventas. Aunque el estado de ánimo elevado
se considera el síntoma característico, la alteración del estado
de ánimo predominante es a veces la irritabilidad, especialmente
cuando se contradicen los deseos del sujeto. También se observa
con frecuencia labilidad del estado de ánimo (p. ej., la alternancia
entre la euforia y la irritabilidad) así como una exageración de
la autoestima y un descenso de la necesidad de dormir. Los pensamientos
pueden ser muy rápidos, a veces incluso más rápidos de lo que pueden
ser verbalizados. La intervención de los y las profesionales de
la salud mental es fundamental para el control del problema, lle
gando en muchos casos a complementar el tratamiento farmacológico
con la orientación psicológica.
Ciclotimia
La característica esencial de este problema psicológico, es una
alteración del estado de ánimo crónica y con fluctuaciones que comprende
numerosos períodos de episodios maníacos y numerosos períodos de
síntomas depresivos. Hablamos pues de la cronicidad del Trastorno
Bipolar, ya que para el diagnóstico de este trastorno, debe haber
síntomas al menos durante más de 2 años.
PROBLEMAS DE ANSIEDAD
¿Qué es la Ansiedad?
No es fácil establecer una definición clara de esta emoción y muchas
veces se utiliza de manera equivocada, generalmente remarcando su
carácter negativo, aunque hay que decir que esta afirmación es una
generalización excesiva en muchos casos. Sencillamente se trata
de una respuesta natural e inevitable ante la presencia o anticipación
de una situación interpretada como peligrosa o potencialmente peligrosa.
La ansiedad es un sofisticado sistema de supervivencia orientado
al afrontamiento eficaz de los peligros que nos depara el mundo.
Podemos decir que hoy estamos aquí porque la ansiedad hizo que nuestros
antepasados reaccionaran más hábilmente ante los peligros y las
situaciones complicadas.

Sin embargo, a veces esta ansiedad se vuelve contraproducente. Cuando
se vuelve demasiado intensa y aparece en una situación no peligrosa,
es cuando el papel adaptativo de la ansiedad se pierde y comienza
a funcionar en nuestra contra: nos impide resolver con éxito situaciones,
nos paraliza, nos origina un malestar tan intenso como innecesario,
etc.
Es evidente la importancia del componente interpretativo en la eficacia
de la respuesta de ansiedad. Y es que como hemos comentamos en otros
bloques de esta web, no son las situaciones, por sí mismas, las
que hacen que nos encontremos nerviosos o tensos, sino las interpretaciones
que hacemos de ellas. Las situaciones son elementos neutros en si
mismos. Al encontrarnos ante una situación determinada, realizamos
una interpretación de la misma y nos sentimos y actuamos acorde
con esa interpretación. Interpretar una situación como peligrosa
o amenazante en algún sentido implica cierto grado de ansiedad.
De ahí la importancia de abordar este componente cuando hablamos
de problemas relacionados con la ansiedad.
Esas malas interpretaciones, puede hacer que esas situaciones que
debemos afrontar (hablar en público, estar en un lugar muy concurrido,
etc) son demasiado peligrosas, que nos pondremos muy nerviosos,
que no seremos capaces de afrontarlas con éxito y que esto nos hará
sentirnos muy mal. Es decir, a veces generamos, antes de que se
presente la situación temida, expectativas negativas acerca de la
situación, de nuestras habilidades para hacerle frente y de las
consecuencias que eso tendrá para nosotros. Esto sólo sirve para
hacer que nos encontremos demasiado ansiosos antes de que suceda
el acontecimiento temido, con lo que afrontarlo se hará aún más
complicado. Es "la pescadilla que se muerde la cola".
Características de las personas que tienen problemas de ansiedad:
• Pensamientos y creencias relacionados con la
incapacidad para enfrentarse con la situación y superarla.
• Continuos pensamientos e imágenes mentales relacionados
con la situación o situaciones temidas y con las
conductas de evitación o escape ante ellas.
• Alteración de las Respuestas Fisiológicas y
Emocionales: Taquicardia, Sensación de Ahogo, Aumento
de la Presión Arterial, Temblores, Palpitaciones, Sudoración, Tensión
muscular, etc.
• Sentimientos de aprensión, miedo, preocupación,
nerviosismo o vergüenza.
• Conductas de evitación o escape ante la situación
temida.
Ataques de Ansiedad (Crisis de Angustia)
Este, es uno de los problemas de ansiedad más frecuentes en la población.
Se caracteriza por la aparición súbita de síntomas de aprensión,
miedo pavoroso o terror, acompañados habitualmente de sensación
de muerte inminente. Durante estas crisis también aparecen síntomas
como falta de aliento, palpitaciones, opresión o malestar torácico,
sensación de atragantamiento o asfixia y miedo a «volverse loco»
o perder el control. La característica principal de una crisis de
angustia es la aparición aislada y temporal de miedo o malestar
de carácter intenso, que se acompaña de unas series de síntomas
como: palpitaciones, sacudidas del corazón o elevación de la frecuencia
cardíaca, sudoración, temblores o sacudidas, sensación de ahogo
o falta de aliento, sensación de atragantarse, opresión o malestar
torácico, náuseas o molestias abdominales, inestabilidad, mareo
o desmayo, desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización
(estar separado de uno mismo), miedo a perder el control o volverse
loco, mie do a morir, parestesias (sensación de entumecimiento u
hormigueo), escalofríos o sofocaciones. La crisis se inicia de forma
brusca y alcanza su máxima expresión con rapidez (habitualmente
en 10 minutos o menos).
La frecuencia y gravedad de las crisis de angustia varían ampliamente.
Por ejemplo, algunas personas presentan con una periodicidad moderada
(p. ej., una vez a la semana), pero regular desde unos meses antes
hasta el momento actual. Otras personas, describen breves crisis
más frecuentes (p. ej., cada día durante 1 semana), separadas por
semanas o meses sin padecer una sola crisis de angustia, o bien
presentándolas con una frecuencia considerablemente menor (p. ej.,
dos cada mes) durante un período de varios años.
Algunas personas con crisis de angustia, se preocupan de una manera
característica en relación con las implicaciones o consecuencias
que aquéllas pueden tener en su vida. Algunas temen que las crisis
de angustia anuncien la aparición de una enfermedad no diagnosticada
que puede poner en peligro su vida (por ej., enfermedad coronaria,
etc.), a pesar de controles médicos repetidos que descarten esta
posibilidad. Otras sin embargo, creen que las crisis de angustia
indican que se están «volviendo locos», están perdiendo el control
o ponen en evidencia su debilidad emocional. En algunos casos, las
personas con crisis de angustia, experimentan un cambio comportamental
significativo (p. ej., abandonan su puesto de trabajo).
Estudios epidemiológicos elaborados en todo el mundo, indican de
forma consistente que la prevalencia del trastorno de angustia (con
o sin agorafobia) se sitúa entre el 1,5 y el 3,5 %. La edad de inicio
varía considerablemente, si bien lo más típico es que el inicio
tenga lugar entre el final de la adolescencia y la mitad de la cuarta
década de la vida. La tendencia en este trastorno es la cronificación
del mismo en caso de no intervención psicológica.
Agorafobia

La
agorafobia suele aparecer en el contexto del trastorno de angustia
con agorafobia. La característica esencial de la agorafobia es la
aparición de ansiedad al encontrarse en lugares o situaciones donde
escapar puede resultar difícil (o embarazoso) o donde, en el caso
de aparecer una crisis de angustia o síntomas similares a la angustia,
puede no disponerse de ayuda. Esta ansiedad suele conducir de forma
típica a comportamientos permanentes de evitación de múltiples situaciones,
entre los que cabe citar el estar solo dentro o fuera de casa; mezclarse
con la gente; viajar en automóvil, autobús, o avión; o encontrarse
en un puente o en un ascensor, encontrarse en un gran almacén, etc.
Además, el comportamiento de evitación de estas situaciones puede
conducir a un deterioro de la capacidad para efectuar viajes de
trabajo o para llevar a cabo las responsabilidades domésticas (p.
ej., ir al supermercado, llevar los niños al médico).
Es importante señalar, que existe una tendencia a la generalización
de los estímulos en el caso de este problema, es decir, la persona
inicia el trastorno con miedo intenso a un estímulo (por ejemplo
un autobús) y con el tiempo se van incrementando los estímulos ansiógenos
(miedo a grandes superficies concurridas, hacer colas, etc) en caso
de no haber intervención profesional.
Trastorno Obsesivo-Compulsivo
Antes de ver cuáles son los criterios diagnósticos de este problema
psicológico, vamos a definir por un lado que es una obsesión y posteriormente
que es una compulsión.
Las obsesiones se definen como ideas, pensamientos, impulsos o imágenes
de carácter persistente que la persona considera intrusas e inapropiadas
y que provocan una ansiedad o malestar significativos, es decir,
la persona tiene la sensación de que el contenido de la obsesión
es ajeno fuera de su control y no encaja en el tipo de pensamientos
que él esperaría tener. Sin embargo, se es capaz de reconocer que
estas obsesiones son el producto de su mente y no vienen impuestas
desde fuera, tal y como ocurre en otros trastornos.
Las obsesiones más frecuentes son ideas recurrentes que versan sobre
temas como la contaminación (por ejemplo contraer una enfermedad
al estrechar la mano de los demás), dudas repetitivas (preguntarse
a uno mismo si se ha realizado un acto en concreto, como haber atropellado
a alguien con el coche o haber olvidado cerrar la puerta con llave),
necesidad de disponer las cosas según un orden determinado (intenso
malestar ante objetos desordenados o asimétricos), impulsos de carácter
agresivo u horroroso (por ejemplo herir a un niño o gritar obscenidades
en una iglesia) y fantasías sexuales (como una imagen pornográfica
recurrente).
La persona con este trastorno, intenta con frecuencia ignorar o
suprimir estos pensamientos o impulsos o bien neutralizarlos mediante
otras ideas o actividades (es decir, compulsiones). Las compulsiones
se definen como comportamientos (por ejemplo lavado de manos, puesta
en orden de objetos, comprobaciones) o actos mentales (como rezar,
contar o repetir palabras en silencio) de carácter recurrente, cuyo
propósito es prevenir o aliviar la ansiedad o el malestar generado
por las obsesiones.
Por tanto, la característica esencial del trastorno obsesivo-compulsivo,
es la presencia de obsesiones o compulsiones de carácter recurrente
lo suficientemente graves como para provocar pérdidas de tiempo
significativas (por ejemplo dedicar a estas actividades más de 1
hora al día) o un acusado deterioro de la actividad general o un
malestar clínicamente significativo. En algún momento del curso
del trastorno, la persona reconoce que estas obsesiones o compulsiones
son exageradas o irracionales. Este trastorno no se debe a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia (drogas, fármacos, etc) o
de una enfermedad médica.
Estrés
Es cada vez más frecuente en nuestro entorno oír expresiones como
"estoy estresado" o "me encuentro sometido a un gran estrés". De
hecho, se puede decir que el estrés es uno de los problemas psicológicos
más frecuente en las sociedades modernas. Por ello no cesan de surgir
pretendidos remedios contra o antiestrés, cremas, paquetes vacacionales
ideados especialmente para liberarnos de él, etc. Aunque no hay
que olvidar que en la mayoría de los casos, la base real de problema
es un problema de conducta o un determinada forma de tomarnos la
vida.
Existen numerosas definiciones del estrés, pero, de una manera muy
general, la respuesta de estrés es una reac¬ción inmediata e intensa,
que implica la movilización general de los recursos del organismo,
y que se produce ante situaciones que suponen importantes demandas
para el individuo, ya sea porque implican una pérdida (por ejemplo,
la muerte de un ser querido o una ruptura sentimental), o bien por
tratarse de una amenaza (ya sea de un atracador, o la amenaza de
un clien¬te de cancelar su cuenta o de nuestro jefe de despedirnos),
o de un reto (como la posibilidad de ganar una competición deportiva
o aprobar una oposición).

Esta reacción general incluye respuestas fisiológicas (el corazón
se acelera, aparece sudor frío en las manos, los músculos se tensan...),
cognitivas (incremento de la atención a los estímulos presentes
en la situación, mayor rapidez de pensamiento...) y motoras (básicamente,
huir del peligro o luchar con¬tra él), todas las cuales deben servir
para facilitar un mejor procedimiento de la situación o estímulos
implicados y una respuesta más efectiva para afrontarla o manejarla.
En definitiva, la respuesta de estrés prepara al organismo para
actuar ante las amenazas y retos de diversa índole que aparecen
en su entorno, y que constituirían los estímulos estresores.
¿Por qué nos Estresamos?
Lázarus y Folkman (1986) plantean una teoría universalmente aceptada
del por qué una persona llega a deprimirse. De forma muy resumida,
estos autores plantean que cuando el número de Recursos de los que
disponemos (personales, materiales, económicos, etc) para afrontar
una situación, es menor que el número de demandas que genera la
propia situación, nos estresamos (siempre y cuando hayamos interpretado
previamente esa situación como importante para nosotros/as).
Áreas de Intervención
Son varias las áreas de Intervención para modificar la respuesta
de estrés, en el plano psicológico, aunque fundamentalmente hablaríamos
de la modificación tanto de aquellas creencias que generan el propio
problemas (Autoexigencias/Perfeccionismo, etc.) como del plano conductual
(técnicas de Distribución del tiempo, Asertividad, Planificación
del Tiempo Libre, etc) así como estrategias de relajación, cuando
hablamos en el plano fisiológico/emocional.
Ansiedad Social
La característica esencial de este problema psicológico, es el miedo
persistente y acusado a situaciones sociales o actuaciones en público
por temor a hacer el ridículo o que resulten embarazosas. La exposición
a estos estímulos produce casi invariablemente una respuesta inmediata
de ansiedad. Dicha respuesta puede tomar la forma de una crisis
de angustia (ataque de ansiedad) situacional o más o menos relacionada
con una situación determinada. Aunque la persona que padece ansiedad
social, reconoce que este temor resulta excesivo o irracional. En
la mayoría de las ocasiones las situaciones sociales o actuaciones
en público acaban convirtiéndose en motivo de evitación, si bien
otras veces la persona puede soportarlas aunque experimentando mucho
miedo/ansiedad.
Cuando la persona con ansiedad social se encuentra en las situaciones
sociales o en las actuaciones en público temidas, experimenta una
preocupación constante por la posibilidad de que resulten embarazosas
y teme que los demás le vean como a un individuo ansioso, débil,
«loco» o estúpido. Además, pueden tener miedo de hablar en público
porque creen que los demás se darán cuenta de que su voz o sus manos
están temblando, o porque piensan que en cualquier momento les puede
invadir una extrema ansiedad al mantener una conversación por temor
a no poder articular correctamente las palabras. Puede también,
que eviten comer, beber o escribir en público por miedo a sentirse
en apuros cuando los demás comprueben cómo les tiemblan las manos.
Los estudios epidemiológicos han puesto de relieve una prevalencia
global para este problema que oscila entre el 3 y el 13 %.
La ansiedad social, suele aparecer típicamente a mediados de la
edad adulta, a veces con el antecedente infantil de timidez o inhibición
social. Algunos individuos sitúan el inicio del cuadro al principio
de la segunda infancia. La aparición del trastorno puede seguir
bruscamente a una experiencia estresante o humillante, o bien puede
hacerlo de forma lenta e insidiosa. El curso de la ansiedad social
acostumbra a ser crónico o continuo en caso de no haber una intervención
profesional.
Fobia Específica
La característica esencial de la fobia específica, es un miedo intenso
y persistente a objetos o situaciones claramente específicas y circunscritas.
La exposición al estímulo fóbico provoca casi invariablemente una
respuesta inmediata de ansiedad. Esta respuesta puede adquirir la
forma de una crisis de angustia situacional. Aunque los adolescentes
y adultos con este trastorno reconocen que este temor es excesivo
e irracional, esto no sucede a veces en el caso de los niños. En
la mayoría de las ocasiones el estímulo fóbico es evitado, si bien
a veces puede experimentarse, aunque con sumo terror.
El objeto del miedo puede ser la propia anticipación del peligro
o daño inherente al objeto o situación (por ejemplo, la persona
puede temer viajar en avión debido al miedo a estrellarse, puede
temer a los perros por miedo a ser mordido o puede temer conducir
un coche por miedo a tener un accidente).
Las fobias específicas también pueden hacer referencia a la posibilidad
de perder el control, angustiarse y desmayarse al exponerse al objeto
temido. Por ejemplo, los individuos temerosos de la sangre y las
heridas pueden estar preocupados asimismo por la posibilidad de
desmayarse, los que tienen miedo a las alturas también pueden sentir
inquietud por los mareos y los que tienen miedo a las aglomeraciones
pueden preocuparse asimismo por la posibilidad de perder el control
y empezar a gritar entre la gente.
Pueden especificarse los siguientes subtipos para indicar el objeto
del miedo o evitación en la fobia específica (p. ej., fobia específica,
tipo animal).
Tipo Animal. El miedo hace referencia a animales
o insectos. Este subtipo suele iniciarse en la infancia.
Tipo Ambiental. El miedo hace referencia a situaciones
relacionadas con la naturaleza y los fenómenos
atmosféricos como tormentas, precipicios o agua. Este subtipo suele
iniciarse en la infancia.
Tipo Sangre-Inyecciones-Daño. El miedo hace referencia
a la visión de sangre o heridas, o a recibir inyecciones
u otras intervenciones médicas de carácter invasivo. Este subtipo
presenta una incidencia marcadamente familiar.
Tipo situacional. El miedo hace referencia a situaciones
específicas como transportes públicos, túneles,
puentes, ascensores, aviones, coche o recintos cerrados.
Otros tipos. El miedo hace referencia a otro tipo
de estímulos, entre los que se incluyen las situaciones
que pueden conducir al atragantamiento, al vómito, a la adquisición
de una enfermedad; fobia a los «espacios» (es
decir, el individuo tiene miedo de caerse si no hay paredes
u otros medios de sujeción).
Entre los factores que predisponen a la aparición de fobia específica
cabe citar los acontecimientos traumáticos (como el ser atacado
por un animal o quedar atrapado en un lugar pequeño y cerrado),
crisis de angustia inesperadas en la situación que se convertirá
en temida, observación de otros individuos que sufren traumatismos
o muestran temor (p. ej., presenciar caídas desde grandes alturas
o personas que se asustan en presencia de ciertos animales) y transmisión
de informaciones (p. ej., repetidas advertencias paternas sobre
los peligros de ciertos animales o reportajes periodísticos sobre
catástrofes aéreas).
Ansiedad Generalizada
La característica esencial del trastorno de ansiedad generalizada
es la ansiedad y la preocupación excesivas (expectación aprensiva)
que se observan durante un período superior a 6 meses y que se centran
en una amplia gama de acontecimientos y situaciones de la vida de
la persona. El individuo tiene dificultades para controlar este
estado de constante preocupación. La ansiedad y la preocupación
se acompañan de al menos otros tres síntomas de los siguientes:
inquietud, fatiga precoz, dificultades para concentrarse, irritabilidad,
tensión muscular y trastornos del sueño.
A estas personas, les resulta difícil olvidar estas preocupaciones
para poder dedicar la atención necesaria a las tareas que están
realizando, y todavía les cuesta más eliminar aquéllas completamente.
Los adultos con trastorno de ansiedad generalizada acostumbran a
preocuparse por las circunstancias normales de la vida diaria, como
son las posibles responsabilidades laborales, temas económicos,
la salud de su familia, los pequeños fracasos de sus hijos y los
problemas de carácter menor (las faenas domésticas, la reparación
del automóvil o el llegar tarde a las reuniones).
En muestras de población general la prevalencia anual del trastorno
de ansiedad generalizada se sitúa en el 3 % aproximadamente, mientras
que la prevalencia global llega hasta el 5 %.
Muchos individuos con trastorno de ansiedad generalizada se consideran
ansiosos o nerviosos de toda la vida. Más de la mitad de los que
acuden a la consulta manifiestan que el trastorno de ansiedad generalizada
empezó en la segunda infancia o la adolescencia, no es raro que
el trastorno se inicie a partir de los 20 años de edad. El curso
es de carácter crónico si no existe intervención profesional, aunque
fluctuante, con frecuentes agravamientos coincidiendo con períodos
de estrés.
Este problema muestra una evidente incidencia familiar. Se han descrito
hallazgos que muestran un patrón familiar para el trastorno de ansiedad
generalizada, es un problema que se suele aprender de las figuras
familiares de referencia.
Hipocondría
La característica esencial de la hipocondría es la preocupación
y el miedo a padecer, o la convicción de tener, una enfermedad grave,
a partir de la interpretación personal de uno o más signos o síntomas
somáticos (dolor de cabeza, manchas en la piel, etc.). Por otro
lado, el miedo injustificado o la idea de padecer una enfermedad
persisten pesar de las explicaciones médicas en contra de poseer
tal enfermedad o problema de salud. La preocupación por los síntomas
somáticos provoca malestar clínicamente significativo o deterioro
social, laboral, o de otras áreas importantes de la actividad de
la persona.

En
la hipocondría, las preocupaciones hacen referencia a funciones
corporales (por ejemplo latido cardíaco, sudor o movimientos peristálticos),
a anormalidades físicas menores (pequeñas heridas, tos ocasional)
o a sensaciones físicas vagas y ambiguas («corazón cansado», etc.).
El individuo atribuye estos síntomas o signos a la enfermedad temida
y se encuentra muy preocupado por su significado, su autenticidad
y su etiología. Las preocupaciones pueden centrarse en un órgano
específico o en una enfermedad en particular (miedo a padecer una
enfermedad cardiaca).
Además y como hemos adelantado antes, las exploraciones físicas,
repetidas, las pruebas diagnósticas y las explicaciones del médico
no consiguen aliviar la preocupación del paciente. Por ejemplo,
un individuo con miedo a padecer una enfermedad cardiaca no se tranquiliza
aunque sepa que las exploraciones físicas, los electrocardiogramas
e incluso las angiografías son totalmente normales. Las personas
que sufren este trastorno pueden alarmarse con la lectura o los
comentarios sobre enfermedades, con las noticias de que alguien
se ha puesto enfermo o incluso por la observación de lo que ocurre
en su propio cuerpo. La preocupación sobre la enfermedad se convierte
a menudo en la característica central de la autopercepción del individuo,
en un tema reiterado de conversación, y en una respuesta a las situaciones
de estrés.
En la práctica médica la prevalencia de este problema se encuentra
entre un 4 y un 9 %. La hipocondría puede iniciarse a cualquier
edad, sin embargo, lo más frecuente es que empiece en los primeros
años de la vida adulta. El curso es generalmente crónico en caso
de no haber intervención profesional.
Estrés Postraumático
La característica esencial del trastorno por estrés postraumático
es la aparición de síntomas característicos que sigue a la exposición
a un acontecimiento estresante y extremadamente traumático, y donde
el individuo se ve envuelto en hechos que representan un peligro
real para su vida o cualquier otra amenaza para su integridad física,
es decir, la persona es testigo o víctima de un acontecimiento donde
se producen muertes, heridos, o existe una amenaza para la vida
de otras personas; o bien conoce a través de un familiar o cualquier
otra persona cercana acontecimientos que implican muertes inesperadas
o violentas, daño serio o peligro de muerte o heridas.
Por otro lado, la respuesta del sujeto a este acontecimiento incluye
temor, desesperanza y horrores intensos. Además, la persona reexperimenta
persistentemente el acontecimiento traumático a través de recuerdos,
sueños, pensamientos, etc. y evita determinadas situaciones que
le recuerda al suceso.
Entre los acontecimientos traumáticos que pueden originar un trastorno
por estrés postraumático se incluyen (aunque no de forma exclusiva)
los combates en el frente de guerra, ataques personales violentos
(agresión sexual y física, atracos, robo de propiedades) ser secuestrado,
torturas, desastres naturales o provocados por el hombre, accidentes
automovilísticos graves, o diagnóstico de enfermedades potencialmente
mortales.
El acontecimiento traumático puede ser reexperimentado de varias
maneras. Normalmente, la persona tiene recuerdos recurrentes e intrusos
(en contra de su voluntad) o pesadillas recurrentes en las que el
acontecimiento vuelve a suceder.
Los estudios basados en la comunidad revelan que la prevalencia
global del trastorno por estrés postraumático oscila entre el 1
y el 14 %. Por otro lado, puede iniciarse a cualquier edad, incluso
durante la infancia. Los síntomas suelen aparecer en los primeros
3 meses posteriores al trauma, si bien puede haber un lapso temporal
de meses, o incluso años, antes de que el cuadro sintomático se
ponga de manifiesto.
Trastornos de la Alimentación
Anorexia Nerviosa
Las características esenciales de la anorexia nerviosa, consisten
en el rechazo a mantener un peso corporal mínimo normal, en un miedo
intenso a ganar peso y en una alteración significativa de la percepción
de la forma o tamaño del cuerpo. Además, en las mujeres afectas
de este trastorno, aunque hayan pasado la menarquia, sufren amenorrea.
La persona con este trastorno mantiene un peso corporal por debajo
del nivel normal mínimo para su edad y su talla. También tienen
un miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obesas/os. Este
miedo generalmente no desaparece aunque el individuo pierda peso
y, de hecho, va aumentando aunque el peso vaya disminuyendo.
Por otro lado, existe una alteración de la percepción del peso y
de la silueta corporales (la persona se ve gorda aunque objetivamente
esté extremadamente delgada). El nivel de autoestima de las personas
que sufren este trastorno depende en gran medida de la forma y el
peso del cuerpo. Consideran un logro perder peso y un signo de extraordinaria
autodisciplina; en cambio, ven el aumento de peso como un fracaso
inaceptable de su autocontrol. Algunas personas son conscientes
de su delgadez, pero niegan que ésta pueda tener implicaciones graves
para su salud.
Subtipos
Tipo restrictivo. Este subtipo describe cuadros
clínicos en los que la pérdida de peso se consigue
haciendo dieta, ayunando o realizando ejercicio intenso. Durante
los episodios de anorexia nerviosa, estas personas
no recurren a atracones ni a purgas.
Tipo compulsivo/purgativo. Este subtipo se utiliza
cuando el individuo recurre regularmente a atracones
o purgas (o ambos). La mayoría de los individuos que pasan por los
episodios de atracones también recurren a purgas,
provocándose el vómito o utilizando diuréticos, laxantes o
enemas de una manera excesiva.
La anorexia nerviosa parece ser mucho más prevalente en las sociedades
industriales, en las que abunda la comida y en las que estar delgado
se relaciona estrechamente con el atractivo (especialmente en las
mujeres). Este trastorno es más frecuente en Estados Unidos, Canadá,
Europa, Australia o Japón.
La edad promedio de inicio de la anorexia nerviosa es 17 años, aunque
algunos datos sugieren la existencia de picos bimodales a los 14
y 18 años. Es muy rara la aparición de este trastorno en mujeres
mayores de 40 años, aunque estos datos varían anualmente, disminuyéndose
el rango de edad por los dos extremos (se comienza mucho antes y
después).
Bulimia
Las características esenciales de la bulimia nerviosa consisten
en atracones y en métodos compensatorios inapropiados para evitar
la ganancia de peso. Se define atracón como el consumo a lo largo
de un período corto de tiempo de una cantidad de comida muy superior
a la que la mayoría de los individuos comerían. Un «período corto
de tiempo» significa aquí un período de tiempo limitado, generalmente
inferior a 2 horas. Los atracones no tienen por qué producirse en
un solo lugar; por ejemplo, la persona puede empezar en un restaurante
y continuar después en su casa. No se considera atracón el ir «picando»
pequeñas cantidades de comida a lo largo del día.
A pesar de que el tipo de comida que se consume en los atracones
puede ser variada, generalmente se trata de dulces y alimentos de
alto contenido calórico (como helados o pasteles).
Por otro lado, estas personas se sienten generalmente muy avergonzadas
de su conducta e intentan ocultar los síntomas. Los atracones se
realizan por lo normal a escondidas o lo más disimuladamente posible.
Además, se acompañan también de sensación de falta de control, es
decir, la sensación de no poder parar de comer.
Otra característica esencial de este trastorno la constituyen las
conductas compensatorias inapropiadas para evitar la ganancia de
peso. Muchos individuos usan diversos métodos para intentar compensar
los atracones; el más habitual es la provocación del vómito (80-90
% de los sujetos). Los efectos inmediatos de vomitar consisten en
la desaparición del malestar físico y la disminución del miedo a
ganar peso.
Subtipos
Tipo purgativo. Este subtipo describe cuadros
clínicos en que hay provocación el vómito y uso de
laxantes, diuréticos y enemas durante el episodio.
Tipo no purgativo. Este subtipo describe cuadros
clínicos en los que se ha empleado otras técnicas
compensatorias inapropiadas, como ayunar o practicar ejercicio intenso,
pero no se ha provocado el vómito ni ha hecho
un mal uso de laxantes, diuréticos o enemas durante el episodio.
La prevalencia de la bulimia nerviosa entre las adolescentes y jóvenes
adultos es aproximadamente del 1-3 %. La bulimia nerviosa se inicia
generalmente al final de la adolescencia o al principio de la vida
adulta. La intervención profesional en este caso como en el caso
de la anorexia, es fundamental para la recuperación de la persona
que padece el problema.